Jordi Olivé Salvadó fotógrafo.

Aquellos años donde se podía ver a Jordi Olivé Salvadó asiduamente con su cámara y su trípode por las calles de Alforja han quedado muy atrás, y me atrevería a asegurar que la inmensa mayoría de conviletanos de esta localidad, donde siempre ha residido, desconoce la obra de este artista. Entre otras cosas porque su carrera como músico ha prevalecido o como mínimo ocupa desde hace mucho, la mayor parte de su tiempo y me consta que esta última, aunque no es de interés para este artículo, también es igualmente de extensa y significativa.

Según me cuenta, todo empezó en 1956, justo el año en que se casó, le sobraron algunos dineros de los destinados a su viaje de novios y que mejor idea que invertirlos en una cámara de hacer fotos. Se compro una “Regula” máquina que además venía acompañada por un folleto o libro que explicaba muy bien de que iba todo aquello. Casi inmediatamente después adquirió su Rolleiflex y como casi siempre nos pasa a quienes nos mentemos en esto, todo fue imparable. Al poco tiempo se vinculó con un grupo de fotógrafos de Reus entre los que se encontraba Josep Maria Ribas Prous, aprendiendo juntos de la obra y el trabajo de otros grandes maestros. Más adelante junto a otros entusiastas crearon la Agrupación fotográfica de Alforja. Comenzó entonces su afanosa aunque corta carrera por atrapar historias de su pueblo. Un pueblo en el que por aquella época coincidieron algunas personas de indiscutible talento y humanismo con gran vocación pedagógica, quienes además de formarlo como persona, despertaron en él, interés por el arte y la fotografía (lo de músico ademas le venia de familia). En su obra se interesó por personajes a los que poca gente les prestaba atención pero que para él constituían gente de gran sabiduría. Plasmó una realidad donde primaba la escasez de todo y destacaban según sus palabras: la represión del régimen, la emigración proveniente de zonas más atrasadas y la presencia de la iglesia y el catolicismo.

La actividad fotográfica se interrumpe momentáneamente en el 1971 año en el que inicia sus estudios en el conservatorio de música de Barcelona, al que acudió durante más de 7 años 2 veces por semana hasta su graduación. Su obra como músico y compositor posiblemente esté mejor reconocida, ha sido director de varias corales y ha compuesto infinidad de piezas. También hay que mencionar que nunca se desvinculó de las labores agrícolas, él mismo aún se considera un “pagès” y me cuenta que se desempeño también como vinicultor.

Me llamó la atención, que al hacer una búsqueda en internet, para conocer más detalles de su obra, no encontré a penas nada, además de esa nota de prensa, publicada en diferentes medios con motivo de la muestra. También encontré una escueta anotación donde se hace referencia al inicio de un proceso, para otorgarle la condecoración de hijo ilustre de su localidad. Indagando en lo hechos resulta que dicho expediente promovido por el anterior gobierno local no prosperó. Una triste historia, que mucho tiene que ver con el resentimiento, la envidia por un lado y con el el desconocimiento de su obra y la incapacidad para saber valorarla por otro. Es como si “ese vent que pasa y sopla continuamente por Alforja purificando y limpiándolo todo”, según las propias palabras del autor, no termina de ser lo suficientemente fuerte como para barrer de una vez por todas, el rencor y los prejuicios. Cosas de pueblo, de un pueblo donde hace una buena brisa, pero donde el tiempo transcurre más lentamente.

El mérito finalmente no le fue conferido, pero en verdad para él, ha sido mucho menos doloroso por ejemplo, que cuando un miembro del jurado de un concurso le negó el premio, diciendo que la foto “La nena Morta” era una manipulación. Esto último supuso una gran frustración, lo otro no ha sido un gran problema y casi que respira aliviado: “No es algo que me preocupe demasiado ni que me interesara tanto, cuando tienes una alegría tienes que relativisarla y no dejar que se te suba a la cabeza, cuando tienes una tristeza debes hacer lo mismo y pensar en cuanta gente hay que sufre mucho más que tu”.

Se corrobora una vez más, lo que apunta Josep Maria Ribas Prous en el prologo del libro “El vent que pasa” ( Diputació de Tarragona 2002 ) en referencia al autor y a “una terra que, dissortadament, no es  massa donada a reconeixer els mérits dels seus fills”. Por suerte la obra fotográfica de Jordi Olivé no ha estado exenta de reconocimiento y este a su vez directamente relacionado con la labor de su amigo Josep Maria Ribas Prous, que no solo siempre lo conmino reiteradamente a retomar su actividad, en tiempos en que sus ocupaciones se incrementaban, sino que incluso lo forzó en una ocasión enviando una caja de carretes de 6×6 con indicaciones  expresas de usarlos, aunque el encargo aun no ha sido cumplido. Su obra fue dada a conocer y reivindicada en las primeras ediciones de la primavera Fotográfica de Catalunya a principio de los años 80 despertando en todo el que la vió un grandísimo interés. Desde aquí traspasa las fronteras y llega a ser mostrada en Paris y Perpinyá. Actualmente a Jordi se le considera uno de los fotógrafos representativos de la fotografía catalana en este periodo histórico. Su trabajo esta a la altura de un Francesc Català-Roca “el fotógrafo de Valls” su trabajos guardan mas de una similitudes, ambos han captado magistralmente la cotidianidad de sus respectivas localidades.

Desde el 17 de junio hasta el 4 de septiembre de este año, estará expuesta en el “Centre de la Imatge Mas Iglesias” (CIMIR) la más amplia colección de obras hasta ahora expuestas del fotógrafo catalán Jordi Olivé Salvadó (Alforja, 1929). La muestra hereda el nombre: Selecció final… el vent que passa II y ha sido seleccionada y positivada además por el también fotógrafo reusence Josep Maria Ribas Prous. La integran 106 imágenes tomadas la mayoría en los años 60, época en la que la actividad del fotógrafo fue constante y prolífera. El texto que acompaña a la muestra y que fuera divulgado como nota de prensa en los medios locales, dice del autor lo siguiente:

“Es tracta d’una obra que es caracteritza per la recerca dels diferents aspectes de la vida quotidiana d’Alforja i d’altres indrets, atret per la senzillesa dels fets més intranscendents i dels petits detalls de les activitats dels seus conciutadans. La producció fotogràfica de l’autor és vital, sempre en el moment oportú, d’una rigorosa sobrietat, on generalment mai existeix una segona presa per a afiançar l’esdeveniment. Els seus enquadraments són precisos, denotant la meticulositat i precisió característiques. L’impacte testimonial de la seva fotografia, testimoni d’una època amb un fort contingut auster i possiblement ingenu, se’ns transmet a cada pas, propiciant una entusiasta acceptació a l’espectador que participa dels fets descrits.

Jordi Olivé fou guanyador de la Medalla Puigcerver els anys 1957, 1958, 1966, 1971 i 1975, també obtingué diversos premis, entre els quals destaca la Medalla Gaudí el 1963. També ha estat autor seleccionat a la prestigiosa mostra «Temps de silenci. Panorama de la fotografia espanyola dels anys 1950-60», organitzada pel Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya i presentada al Centre d’Art Santa Mònica, així com al Palais Tokyo de París, seu de la Mission du Patrimonie Photographique del Ministeri de Cultura francès”.

Para mi entender la muestra peca de ser demasiada extensa y me recuerda aquello de que tan importante es el saber hacer, como el tener al lado a alguien capaz de saber que debes mostrar y que no. Está bien si quieres tener una idea abarcadora de su obra, pero el hecho de presentar obras menores hace que desmerezcan otras que poseen una fuerza visual a la altura de un Cartier Bresson o un Josef Koudelka. Creo que una treintena de obras bien escogidas hablarían mucho mejor de las bondades y las cualidades de su trabajo, aunque sin dudas se agradece enormemente el esfuerzo de los organizadores y promotores. Junto a las fotos hay un material audiovisual donde el autor se refiere a tomas en particular. Yo tengo que sumar a esto algunas horas en su estudio, escuchando cada una de las historias detrás de esas magníficas instantáneas. Debo decir que me he sentido sobrecogido al tener delante de mi obras sencillamente geniales, mucho más si tenemos en cuenta que hablamos de tomas que debido a la secases y la precariedad, no tenían una segunda oportunidad: un fotograma, una escena no había para más. Para los entendidos permitidme solo decir, que no se tratan de simples fotos que captan y trasmiten el carácter de un pueblo y una época, hay mucho más, me han sorprendido composiciones muy estudiadas, que hablan de pequeñas y grandes historias, tomadas justo en el único momento que podía hacerlas posibles. Y me vienen a la mente tres cuestiones, primero: como es que no se le ha dado mayor reconocimiento a su obra, segundo: que habría pasado de no haber interrumpido esta labor tempranamente y tercero: que puedo hacer yo como simple vecino de su localidad, para contribuir a la divulgación de su trabajo.

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Nota: A partir del 11 de septiembre la muestra será trasladada a Alforja. Las 106 fotos se repartirán por iniciativa propia entre el Casal cultural y el Ateneo Josep Taverna algo que me confiesa lo llena de alegría. Es muy posible que muy pronto este a disposición de todos una web con toda su obra, por lo pronto esto es algo. Me gustaría sumar  6 u 8 fotos más pero de momento no ha sido posible.

Nota: la obra de Jordi de momento no ha sido exhibida a pesar de nuestras gestiones particulares. Pero le hicimos una web donde es posible apreciarla casi en su totalidad: Jordi Olivé Salvadó fotógrafo.

 

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4 pensamientos en “Jordi Olivé Salvadó fotógrafo.

  1. Conocí a Jordi mi tocayo posiblemente en el verano de 1965, yo tenía para entonces 16 años, luego con exactitud nos hicimos amigos en 1981-2 y en 1986 cuando pasamos 6 meses en Alforja.
    para ese entonces conocí y recibí un grupo de fotografías realizadas por su amigo de siempre, Josep Maria Rivas i Prous, las cuales conservo, son de las otras tantas fotos de mi colección privada de mis amigos fotógrafos.
    Como dice mi amigo Rogelio Portal, las fotos de Jordi Olivé tienen una fuerza visual comparable a un Cartier Bresson o a un Koudelka, para mi a sido una suerte de oportunidades de conocer a dos grandes fotografos-músicos: Jordi Olivé y Ansel Adams.

  2. Genial artículo, que después de ver la obra de Jordi Olivé hace que se despierte la pena por un pueblo muerto por la envidia, histórias que desconocía pero que me suenan tristemente a brisa de pueblo como decía el articulo. Gracias Rogelio por el trabajo de investigación era mucho más que necesario. La obra de Jordi se merece el reconocimiento que no tuvo. Si me permites me aúno con tu pensamiento, mejor con estas tres cuestiones que planteas al final. Gran artículo, para un gran fotógrafo, bravo.

  3. El trabajo fotográfico de Jordi Olivé es realmente importante y significativo, y ha de enmarcarse en la edad de oro de la fotografía española de los años 50 y 60. Armados de sus Contax, Leicas y Rolleiflex, una generación de entusistas, aficionados y profesionales, retrataron con sus fotos en blanco y negro una época sombría y constreñida por las estrecheces que imponía el franquismo. Sin embargo, durante los años 50 y 60 del pasado siglo, en pleno ecuador de la dictadura, España vivió un momento de renovación de la cultura y las artes. Literatura, cine, pintura, arquitectura… todos los ámbitos fueron objeto de un despertar siempre condicionado por los estrechos márgenes que permitía el régimen. En el caso de la fotografía, el olor a naftalina fue dejando paso a una nueva generación de fotógrafos que agitaron el apolillado ambiente con la renovación como estímulo. Algunos de sus nombres son conocidos: Català Roca, Masats, Maspons, Paco Gómez, Ontañón, Cualladó, Colom, Juanes, Miserachs, Pérez Siquier… otros, poco a poco, recuperan en esa historia el lugar que en justicia merecen: Nieto Canedo, Sigfrido de Guzmán, Jacques Leonard, Sanz Lobato… La mirada única y múltiple de aquellos fotógrafos es sin duda alguna un patrimonio extraordinario que compete sacar a la luz a las personas e instituciones que comparten responsabilidades en la recuperación de la memoria visual del país.

  4. Escribo estas líneas como homenaje a mi amigo Jordi Olivé, que hoy nos ha dejado para siempre. Nos deja un hermoso legado, nos deja su historia en imágenes irrepetibles, como su propia personalidad,hombre sencillo,amable y de una gran sensibilidad, cuyo recuerdo permanecerá mucho tiempo en nuestra memoria. Gracias Jordi por lo que nos has enseñado con tus maravillosaas imágenes,gracias Jordi por tus sabias palabras en nuestras largas conversaciones dominicales a la salida de la Iglesia, el mundo artistíco te echará de menos, pero todos nosotros,los que compartimos tu lado mas humano,tus inquietudes politicas, intelectuales y deportivas cada domingo, nos encontraremos un poco abandonados,desde aqui y en nombre de todos…..un enorme abrazo y hasta siempre. Como creyentes, sabemos que estas en buenas manos.

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